miércoles, 9 de agosto de 2023

El tapado y el dedazo: símbolos, mitos y rituales de la sucesión presidencial en México para el 2024


Por: Celestino Saturnino 

Analizaremos el fenómeno político de la sucesión presidencial en México desde la perspectiva de los símbolos, los mitos, la retórica y los rituales como rasgos distintivos que han perdurado a lo largo de nuestra historia. Si partimos de la premisa de que la sucesión presidencial refleja las relaciones de poder, las tradiciones culturales y las expectativas sociales de cada momento histórico, podemos afirmar que este proceso genera y perpetúa una serie de símbolos, mitos, retórica y rituales que otorgan sentido y legitimidad al sistema político mexicano 

El tapado: el símbolo del poder presidencial 

El tapado es aquel término utilizado para referirse al candidato presidencial cuya identidad el presidente en turno mantiene en secreto hasta el momento oportuno, se convierte en símbolo del poder presidencial, demostrando la capacidad del presidente para controlar y decidir el rumbo político del país. Asimismo, el tapado, genera incertidumbre y expectativa en torno a la sucesión presidencial, manteniendo en suspenso a los actores políticos y a la opinión pública, quienes especulan acerca de quién será el elegido en esta ocasión. Aunque algunos señalan que el origen de esta práctica se remonta al porfiriato, cuando el presidente Díaz designó a su compadre Manuel González como su sucesor en 1880, a fin de simular una alternancia democrática y mantener el control del poder, el tapado se convirtió en una práctica recurrente en la política mexicana, especialmente durante el régimen autoritario del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó el país durante 71 años consecutivos (1929-2000) 

Durante el priismo, el tapado era un secreto de Estado, que solo conocía el presidente y sus allegados más cercanos. El tapado era elegido por el presidente según sus criterios personales, sin tomar en cuenta ni al partido ni a los ciudadanos. El tapado era presentado como el candidato de la unidad nacional, del progreso y de la continuidad del proyecto revolucionario. El tapado era también el candidato de la obediencia y la lealtad al presidente saliente, al que debía reconocer como su jefe político y moral. 

El dedazo: el mito de la omnipotencia presidencial 

El dedazo es el término con el que se conoce al acto mediante el cual el presidente señala con su dedo índice al tapado, revelando así su identidad y designándolo como su sucesor. El dedazo es un mito que expresa la omnipotencia presidencial, que se atribuye el derecho de elegir al próximo mandatario sin consultar a nadie más y también, expresa la sumisión de los demás actores políticos al presidente, que acatan sin cuestionar su decisión. 

Sin tapado no hay dedazo. El dedazo se ha convertido en una costumbre política en México debido a que el presidente ejerce una influencia predominante sobre las instituciones y los medios de comunicación. El dedazo es un acto simbólico que muestra la fuerza y la legitimidad del presidente, así como también, su candidato. El dedazo es precedido por una serie de rumores y especulaciones sobre quién es el tapado y es seguido, por una serie de manifestaciones de apoyo y reconocimiento al candidato designado. En la retórica, el dedazo es presentado como un acto de sabiduría y sensatez por parte del presidente para elegir al mejor, pero sin duda, un acto de autoridad y disciplina al presidente, que impone su voluntad sobre el partido y la nación entera. 

El destape: la retórica de la unidad y la continuidad 

Si existe un tapado, es probable que haya dedazo y tarde o temprano se dará el destape. El destape es el término con el que se conoce a la revelación pública de la identidad del tapado, una vez que el presidente ha realizado el dedazo. El destape se refiere al acto de hacer pública la identidad del tapado, después de que el presidente ha llevado a cabo el dedazo. El destape implica una estrategia retórica que procura edificar y difundir una imagen plausible del candidato presidencial, enfatizando sus atributos personales, logros profesionales y posturas políticas, además, busca generar y transmitir un mensaje de unidad y continuidad, mostrando al candidato como el representante de los intereses y los valores de la nación, es un evento propiamente mediático que pretende mostrar la popularidad y la aceptación del candidato y su proyecto, Al destape se le atribuye el carácter de hecho histórico con una profunda importancia porque representa el inicio de una nueva etapa para el país. 

La cargada: el ritual de la adhesión y el triunfo 

La cargada es el término con el que se conoce a la adhesión masiva e incondicional de los actores políticos y sociales al candidato presidencial designado por el presidente. La cargada es un ritual que expresa la lealtad y la subordinación al presidente y a su sucesor, es también, un ritual que expresa la confianza y la certeza en el triunfo del candidato presidencial. Así como cuando Manuel González recibió el apoyo mayoritario de los grupos políticos y sociales en 1880, desde entonces, la cargada se convirtió en una práctica política en México, ahí es cuando el candidato presidencial cuenta con el respaldo y la movilización de las organizaciones e instituciones afines al partido oficial. La cargada es un fenómeno social que pretende demostrar la fuerza, la legitimidad del candidato y la estabilidad del sistema político. Durante el priísmo, la cargada se verificaba como una expresión colectiva e individual desde el destape, así como, durante todo el proceso electoral. En realidad, la estrategia de la cargada brinda la oportunidad a los actores políticos, que en un principio no mostraron su respaldo al tapado, de acceder a una serie de negociaciones y acuerdos para mantenerse en posiciones de poder. Tras la cargada, se llevan a cabo acciones y se ponen a disposición recursos con el fin de garantizar el éxito en las elecciones constitucionales del candidato. 

Para el 2024, la sucesión presidencial en México seguirá siendo un proceso político marcado por una serie de símbolos, mitos, retóricas y rituales que le seguirán dando sentido y legitimidad al sistema político mexicano. Estos elementos, con el estilo personal de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador, mantienen una lógica común: la concentración del poder en la figura presidencial, la exclusión de la participación ciudadana, la simulación de la democracia y la reproducción del autoritarismo, aunque el presidente asegure que tales prácticas ya se acabaron, aunque sostenga que “es el pueblo el que decide, se acaba el ‘dedazo’. Puede ser mi hermano, mi hijo, pero se somete a una prueba, a un escrutinio, a una consulta, a una encuesta y el pueblo dice: ‘No’, no. Entonces, eso debe de quedar muy claro, no he inclinado la balanza en favor de nadie ni lo voy a hacer. Se acabó el ‘tapado’, se acabó el ‘dedazo’. Entonces, que nadie se deje engañar. Yo no tengo candidatos favoritos, no”. En contraste, un excompañero de lucha del presidente y ahora desde la oposición, al reflexionar particularmente sobre la coyuntura en la elección a la gubernatura al estado de Coahuila, señaló que “Andrés no negocia, impone, no acuerda, obliga, puede perder, y tratará de arrebatar, pero el diálogo para buscar un acuerdo donde todos cedan algo, no existe en su manual personal de la política. López Obrador no ha cedido Coahuila, lo va a perder contra su voluntad.” Todos sabemos cuál fue el destino de los candidatos del PVEM y horas después el del PT, ambos fueron apartados con la intención de maximizar los votos a favor del candidato de MORENA, más allá de los resultados preliminares, vencer al PRI-PAN-PRD en el Estado de México, el poder presidencial se consolida y se encuentra en condiciones propicias para ejercer un control absoluto sobre el destino político del país rumbo al 2024.

Movimientos sociales y políticos han alzado la voz en favor de una democratización y participación ciudadana más amplias. Han logrado incluso reformas constitucionales y legales para limitar el poder presidencial y las facultades que exceden a la Constitución que, debido al presidencialismo, le han sido otorgadas al poder ejecutivo. El propósito de estas acciones fue y seguirán siendo para fortalecer el equilibrio de poderes para promover cambios y transformaciones, comenzando por el proceso de sucesión presidencial, sin embargo, dichos cambios, aún insuficientes para romper con la lógica autoritaria y excluyente que define al sistema político mexicano, tampoco para garantizar una auténtica alternancia y diversidad en el ejercicio del poder. En el 2023, estaremos ante una reedición actualizada del tapado, el dedazo, el destape y la cargada, que son: los símbolos, los mitos, la retórica y los rituales de la sucesión presidencial en México para el 2024, por ello, la sucesión presidencial, ahora desde el partido MORENA, seguirá siendo un tema de gran relevancia e interés para el análisis político y social, así como, un desafío para la construcción de una democracia más sólida y participativa.

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