miércoles, 9 de agosto de 2023

BARBIE, LA PELÍCULA: SER O NO SER MADRE O LA NUEVA PINOCHA


José Joaquín Román 

   Primero que nada, ADVERTENCIA: Barbie no es una película para niñas, o niños en general; quizás las primeras escenas de Barbieland (la tierra de Barbie) deslumbren a los infantes, pero luego la cosa se pone aburrida para ellos y para varios adultos que incluso les da por roncar.

  

Coincido con la crítica generalizada: Barbie, la película, tiene un alto contenido sexista, feminista sobre todo, aunque hay una parte donde se exalta el machismo pero sólo para exhibirlo como algo malo o negativo. Este feminismo está de trasfondo toda la película.

   Barbie es un catálogo de dicotomías dialécticas desde la mirada feminista. De hecho, la película la dirige una mujer.

   El largometraje –y vaya que lo es, dura casi dos horas- inicia con una secuencia muy dura: niñas rompiendo muñecos y muñecas bebés en señal de haberse emancipado del rol de mamás para arribar a otro estatus: la mujer triunfadora en todos los campos de la vida representada por Barbie, que emerge deslumbrante en su traje de baño blanco con negro (la primera dicotomía dialéctica de la película y la primera Barbie de la historia -9 de marzo de 1959-)

   Esta secuencia fílmica inicial es una referencia clara a la de 2001 Odisea del espacio, del maestro Stanley Kubrick, donde un grupo de monos azota –como los muñecos—huesos, para descubrir que pueden ser usados como armas –eventualmente como herramientas-- y se da el salto de mono a hombre.

   Esta dura crítica de la maternidad como destino manifiesto de las mujeres es revertida, complementada con la escena final: Barbie, ya en el mundo real, va al ginecólogo, quiere ser mamá; los opuestos se juntan, se alternan, se complementan: otra dicotomía dialéctica del filme.

   Y aquí es donde Barbie emerge como la nueva Pinocha: pide a su creadora ser una mujer real y se concede su deseo.

    En la película se plantea que las fantasías arruinan la realidad y que a su vez la realidad arruina la fantasía, pero ambas se necesitan: otra vez la dicotomía dialéctica. Igual que hombres y mujeres se necesitan. No sólo puede haber fiesta de chicas como en Barbieland, sino también fiesta de chicos como lo demuestra Ken al rebelarse después de descubrir el poder del hombre en su viaje al mundo real, a donde acompaña a Barbie que tiene que detener su deterioro como muñeca perfecta debido a la nostalgia de una mujer adulta que comienza a dibujar una Barbie depresiva como reflejo de sus sentimientos y Barbie tiene que arreglar eso en el mundo real, aunque no quiere enfrentar esa realidad, pero tiene que hacerlo.

   Un apunte: Ken acompaña a Barbie aún sin su consentimiento, lo que simboliza la solidaridad cariñosa de un hombre con la mujer que quiere cuando ésta atraviesa por malos momentos y resalta la interdependencia de hombre y mujer: una vez más la dicotomía dialéctica. En Barbieland Ken sólo existe en función de Barbie como su “eterno enamorado”, condenado a la “friendzone”, aunque al final es reivindicado en su individualidad con la frase “Yo soy Ken”.

   Para cerrar esta idea de la dicotomía dialéctica entre realidad y fantasía deriva de la película, quisiera citar una frase que la resume y que encontré en Twitter: “Cuando más a menudo tocaba la realidad, con mayor frecuencia rebotaba hacia el mundo de la ilusión”, del libro Plexus, del escritor y periodista Henry Miller, fundador de la corriente del Nuevo Periodismo en Estados Unidos.

   Otros mensajes positivos de la película son el hecho de que el juego, los juguetes pueden fomentar la convivencia entre padres e hijos, en este caso concreto entre madre e hija que se reconcilian gracias a Barbie y todo su embrollo con la realidad. Y también el mensaje de la importancia del trabajo en equipo: tanto cuando los hombres se organizan para reconquistar Barbieland, como cuando las mujeres lo hacen para recuperarla. Una vez más se resalta la necesaria complementariedad de hombres y mujeres, o su confrontación, depende desde la óptica que se vea.

   No falta en el filme la dura autocrítica a lo que también representa Barbie, además de las aspiraciones de las mujeres de ser una chica perfecta y competente: el consumismo desenfrenado que fomenta el capitalismo ávido de ganancias a cualquier costo.

   Pero considero que el mensaje más poderoso se da al final del largometraje, cuando Barbie tiene un cara a cara con su creadora: esta le dice que los seres humanos inventan, crean fantasías, ideas para hacer su existencia más llevadera, por eso la razón de ser de una Barbie.

   Su creadora le dice a Barbie: “Los humanos tienen un final, las ideas viven para siempre”, como las fantasías, la idea, el concepto de Barbie o de cualquier otra utopía como el mandamiento cristiano “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

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