José Joaquín Román
Primero que nada, ADVERTENCIA:
Barbie no es una película para niñas, o niños en general; quizás las primeras
escenas de Barbieland (la tierra de Barbie) deslumbren a los infantes, pero
luego la cosa se pone aburrida para ellos y para varios adultos que incluso les
da por roncar.
Coincido con la crítica generalizada: Barbie, la película, tiene un alto contenido sexista, feminista sobre todo, aunque hay una parte donde se exalta el machismo pero sólo para exhibirlo como algo malo o negativo. Este feminismo está de trasfondo toda la película.
Barbie es un catálogo de
dicotomías dialécticas desde la mirada feminista. De hecho, la película la
dirige una mujer.
El largometraje –y vaya que lo
es, dura casi dos horas- inicia con una secuencia muy dura: niñas rompiendo
muñecos y muñecas bebés en señal de haberse emancipado del rol de mamás para
arribar a otro estatus: la mujer triunfadora en todos los campos de la vida
representada por Barbie, que emerge deslumbrante en su traje de baño blanco con
negro (la primera dicotomía dialéctica de la película y la primera Barbie de la
historia -9 de marzo de 1959-)
Esta secuencia fílmica inicial
es una referencia clara a la de 2001 Odisea del espacio, del maestro Stanley
Kubrick, donde un grupo de monos azota –como los muñecos—huesos, para descubrir
que pueden ser usados como armas –eventualmente como herramientas-- y se da el salto
de mono a hombre.
Esta dura crítica de la
maternidad como destino manifiesto de las mujeres es revertida, complementada
con la escena final: Barbie, ya en el mundo real, va al ginecólogo, quiere ser
mamá; los opuestos se juntan, se alternan, se complementan: otra dicotomía
dialéctica del filme.
Y aquí es donde Barbie emerge
como la nueva Pinocha: pide a su creadora ser una mujer real y se concede su
deseo.
En la película se plantea que
las fantasías arruinan la realidad y que a su vez la realidad arruina la
fantasía, pero ambas se necesitan: otra vez la dicotomía dialéctica. Igual que
hombres y mujeres se necesitan. No sólo puede haber fiesta de chicas como en
Barbieland, sino también fiesta de chicos como lo demuestra Ken al rebelarse
después de descubrir el poder del hombre en su viaje al mundo real, a donde
acompaña a Barbie que tiene que detener su deterioro como muñeca perfecta
debido a la nostalgia de una mujer adulta que comienza a dibujar una Barbie
depresiva como reflejo de sus sentimientos y Barbie tiene que arreglar eso en
el mundo real, aunque no quiere enfrentar esa realidad, pero tiene que hacerlo.
Un apunte: Ken acompaña a
Barbie aún sin su consentimiento, lo que simboliza la solidaridad cariñosa de
un hombre con la mujer que quiere cuando ésta atraviesa por malos momentos y
resalta la interdependencia de hombre y mujer: una vez más la dicotomía
dialéctica. En Barbieland Ken sólo existe en función de Barbie como su “eterno
enamorado”, condenado a la “friendzone”, aunque al final es reivindicado en su
individualidad con la frase “Yo soy Ken”.
Para cerrar esta idea de la
dicotomía dialéctica entre realidad y fantasía deriva de la película, quisiera
citar una frase que la resume y que encontré en Twitter: “Cuando más a menudo
tocaba la realidad, con mayor frecuencia rebotaba hacia el mundo de la
ilusión”, del libro Plexus, del escritor y periodista Henry Miller, fundador de
la corriente del Nuevo Periodismo en Estados Unidos.
Otros mensajes positivos de la
película son el hecho de que el juego, los juguetes pueden fomentar la
convivencia entre padres e hijos, en este caso concreto entre madre e hija que
se reconcilian gracias a Barbie y todo su embrollo con la realidad. Y también
el mensaje de la importancia del trabajo en equipo: tanto cuando los hombres se
organizan para reconquistar Barbieland, como cuando las mujeres lo hacen para
recuperarla. Una vez más se resalta la necesaria complementariedad de hombres y
mujeres, o su confrontación, depende desde la óptica que se vea.
No falta en el filme la dura
autocrítica a lo que también representa Barbie, además de las aspiraciones de
las mujeres de ser una chica perfecta y competente: el consumismo desenfrenado
que fomenta el capitalismo ávido de ganancias a cualquier costo.
Pero considero que el mensaje
más poderoso se da al final del largometraje, cuando Barbie tiene un cara a
cara con su creadora: esta le dice que los seres humanos inventan, crean
fantasías, ideas para hacer su existencia más llevadera, por eso la razón de ser
de una Barbie.
Su creadora le dice a Barbie:
“Los humanos tienen un final, las ideas viven para siempre”, como las
fantasías, la idea, el concepto de Barbie o de cualquier otra utopía como el
mandamiento cristiano “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.


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