Noé Mondragón Norato
Añorve-Figueroa contra Astudillo-Aguirre
Hay un detalle que no puede pasarse por alto: en los dos actos —el de
Acapulco y Chilpancingo— para conmemorar el segundo aniversario luctuoso del
exgobernador priista René Juárez Cisneros no estuvieron presentes dos
personajes representativos del PRI tradicional y eterno: el también
exgobernador Rubén Figueroa Alcocer. Y el senador tricolor, Manuel Añorve
Baños. Porque la cacareada “unidad priista” amenaza con romperse por el hilo
más delgado. Basta con ubicar los contextos.
RUPTURAS TRICOLORES. – En el contexto de la elección federal de 2024,
los exgobernadores Ángel Aguirre y Héctor Astudillo, anunciaron que “irían
juntos” a esos comicios. Pero en realidad lo que pretenden es encarecer la
negociación. Hacia dentro y también fuera de ese partido. Se lee así: 1.-
Durante la ceremonia que festejó el primer aniversario del deceso por Covid-19
del exgobernador René Juárez, el 26 de julio de 2022, aparecieron en primer
plano el senador Manuel Añorve y el exgobernador Rubén Figueroa. También el
dirigente estatal de ese partido, Alejandro Bravo Abarca. Asistió por su lado
el delegado del CEN del PRI en Guerrero, Marco Antonio Olvera Acevedo. Incluso,
el expresidente Enrique Peña Nieto mandó un video mensaje. Y se realizó en la
explanada del PRI. El del pasado miércoles 26 fue un evento deslucido y se
realizó en el interior del edificio. Con muy pocos representantes de ese
priismo tradicional y eterno. Dichas ausencias remarcan lo obvio: en ese
partido la división es evidente. Por un lado, operan la dupla
Aguirre-Astudillo. Y por el otro Añorve-Figueroa. Esas alianzas buscan
objetivos de poder distintos. 2.- Si el dirigente estatal del PRI, Alejandro
Bravo Abarca no asistió a dicho evento —justificado por su jefe político Héctor
Astudillo de que estaba en la graduación de uno de sus hijos—, en realidad la
decisión pudo obedecer a cuando menos dos factores: A) Estaba salvaguardándose
después de las revelaciones hechas por el obispo emérito Salvador Rangel
Mendoza, en el sentido de que le había solicitado su intervención para dialogar
con un líder delictivo —en clara representación política de Astudillo, pues era
el jefe de su oficina—. Y no quiso exponerse a los medios de comunicación, pues
con las declaraciones del prelado católico ya puso en riesgo su eventual pase
como diputado local. Sobre todo, porque es un indiscutible cuadro político de
Astudillo. B) Pudo ser advertido por el dirigente nacional priista Alejandro
Moreno Cárdenas Alito, en el sentido de que sí asistía a ese evento marcaba, en
definitiva, su línea y pertenencia política. Porque Astudillo ya cayó de la
gracia política de Alito. Y si se mantuvo al interior del priismo es para
tratar en un último y lastimero intento, de plegarse a Ángel Aguirre para que
sea este personaje quien encabece la negociación con Alito —la cual también
podría fracasar en virtud de que este lo percibe más inclinado hacia Miguel
Ángel Osorio Chong, su adversario político indiscutible— a fin de vender ambos
la imagen de ser los principales operadores políticos de una eventual alianza
PRI-PAN-PRD-MC. Con el fin de no quedar fuera del reparto de las candidaturas.
Ni del poder personal o de sus cuadros políticos. 3.- Con toda la luz verde para
operar con lo que queda del PRI y la simpatía política de Alito, además del
control político de la UAGro a través del rector electo, Javier Saldaña, el
senador Manuel Añorve está literalmente, engallado. Y con el exgobernador Rubén
Figueroa sus acuerdos parecen marchar de la mejor manera. Figueroa está dolido
con Aguirre porque cuando operó para dejarlo como gobernador sustituto en 1996,
Ángel Aguirre no cumplió muchos de sus acuerdos. Y así quedó acostumbrado. Y
con Añorve permanecen los resabios de la derrota infringida por Aguirre —en la
que participó Osorio Chong— en la elección de enero de 2011. Además, y lejos de
ser linchado por los señalamientos del obispo Rangel Mendoza, Figueroa Alcocer
fue vendido por este como “un pacificador” al atreverse a dialogar con algunos
grupos criminales. Es claro que, de aquí en adelante, van a ocurrir muchos
eventos relacionados con esas rupturas tricolores. Porque Astudillo-Aguirre ya
tiraron sus cartas. Y Añorve-Figueroa harán lo propio.
HOJEADAS DE PÁGINAS…Una realidad es inocultable con relación a la
desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Y es la relacionada con la
intervención del Ejército en asuntos ilícitos por órdenes presidenciales. Datan
de la muerte y ejecución de líder agrarista Rubén Jaramillo en Morelos en mayo
de 1962, ordenada por el presidente tricolor Adolfo López Mateos; atravesando
después la masacre de estudiantes en Tlatelolco en octubre de 1968 endosada al
priista Gustavo Díaz Ordaz. Y culminando con las incipientes ligas y acuerdos
castrenses con grupos delictivos detonada con la masacre de Llano de Víbora en
Tlalixcoyan, Veracruz en noviembre de 1991en el periodo del presidente priista
Carlos Salinas de Gortari. Y la desaparición de los 43 ocurrió durante el
periodo de otro priista: Enrique Peña Nieto. Los presidentes en turno controlan
al Ejército. La clave de todo es entonces, Peña Nieto. La historia no se
equivoca.

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